Historia

  • HISTORIA.
La palabra historia me lleva a varias reflexiones, la primera es por qué distraer tiempo en aprender el pasado de mi cofradía, pero entiendo que una cofradía sin historia, es como un hombre sin memoria. Por eso la historia que voy a relacionar no tiene nada que ver con la de la cofradía y solo alcanza datos y hechos acaecidos y guardados en mi memoria. Hecha esta aclaración y siguiendo un orden, no sé si el más adecuado, voy a referirme a las imágenes, su ubicación y un poco como recuerdo su desfile procesional.

Las imágenes titulares de nuestra cofradía son CristoYacente y Mª Santísima de los Dolores que si bien han sido restaurados, son las mismas, y San Juan Evangelista cuya imagen ha sido sustituida por otra recientemente.
Su ubicación ha sido siempre en el Santuario de la Virgen de la Villa, cuya capilla igualmente ha sido restaurada pues la humedad y el deterioro existente anteriormente no daban lugar a otra opción.
Y en mi particular historia su desfile procesional lo realizaba como procesión oficial acompañada por el resto de cofradías hasta que un día a no se quien se le ocurrió que así no fuese.

  • EVOLUCIÓN.

Al principio nuestra cofradía solo procesionaba dos imágenes Cristo Yacente y Mª Santísima de los Dolores y al llegar a la Plaza se incorporaba de la Iglesia de Santa Marta, San Juan Evangelista que muy generosamente repetía con nosotros su salida.
Se hacía sobre carros empujados por personal pagado e incluso si no se podía se utilizaban otros métodos para finalizar el desfile procesional. La cortesía de San Juan Evangelista de acompañar a nuestra cofradía generó alguna tensión en cuanto a la forma de incorporarse al desfile.

Tengo que hablar de nuestra camarera Adela Martos Sánchez pues era la persona más adulta de nuestra hermandad, mujer valiente, católica y practicante, sencilla, de corazón grande. Pasábamos muchos momentos hablando con ella pues nos daba muchas ideas y nos ayudaba en nuestro hacer diario. Te trasmitía una paz y una seguridad que salíamos de su casa totalmente transformados.

Como me gusta recordar nuestros primeros desfiles procesionales con Cristo Yacente escoltado por cuatro Guardias Civiles que portaban cada uno su cinta de raso negro que colgaban de las esquinas de la urna, como recogíamos a San Juan en Santa Marta como era debido pasando primero el Cristo por la puerta , parándose unos metros mas adelante y tocando la marcha real para que saliera con todos los honores a la calle y como nos acompañaba toda la Corporación Municipal pues éramos la procesión oficial y también nos acompañaban todas las cofradías, que respeto ocasionaba ver pasar el Santo Entierro pues incluso muchos se arrodillaban y su cabeza hacia abajo inclinaban.

Pero todo evoluciona y nuestra cofradía no podía ser menos y afortunadamente ha sido en un tiempo muy corto para que los presentes podamos verlo y contarlo.


Unos jóvenes en su taller de “Arte y Oficios”, junto a sus profesores construyeron una base metálica para portar a Cristo Yacente a hombros, varios jóvenes hicimos de sastres cortando túnicas y unas muchachas adquieren el compromiso de confeccionarlas de forma gratuita en su taller de costura con el consentimiento de su jefa.
Con el paso del tiempo y algo más de dinero se adquieren tronos para la Virgen y para San Juan, y con algunas ayudas (solar Miguel Pérez Luque, proyecto, materiales…) construimos la Casa de Hermandad.
Otro elemento que no quiero dejar en el olvido es el taller de bordado pues desde el diseñador a la última bordadora merecen mención especial pues han aportado un patrimonio muy importante a la cofradía empleando infinitas horas de trabajo desinteresado.

La evolución ha querido igualmente que la cofradía halla cuidado con más detalle otros temas que al principio estaban más limitados quizás por la necesidad de tener los elementos más básicos que se necesitan y que tampoco quiero pasar por alto son los temas sociales (recogida de alimentos, juguetes, adopciones de niños,…) que es importante seguir manteniendo y también seguir organizando celebraciones religiosas que nos formen como debe ser.

Pero veinticinco años procesionando con una cofradía dan para escribir un libro sin esfuerzo, pues es contar lo vivido año tras año y eso es lo que voy a hacer ahora narrar mis

- VIVENCIAS DE NUESTRO DESFILE PROCESIONAL.

De mis primeros costaleros podría dar nombres y apellidos y casi como estaban colocados en el trono, pero antes de seguir quiero rezar una oración por los que ya no viven y por los que no pueden hacerlo por circunstancias de la vida. Claro éramos jóvenes y casi todos con pareja y de inmediato surge la idea de las costaleras, si bien al principio sonó raro como las teníamos en casa fue fácil incorporarlas, novias, amigas, vecinas, jóvenes y mayores a todas la idea les apasionaba. Después San Juan pues algunos hijos y amigos de nuestros hijos así lo solicitaban.

Ya con el desfile organizado alguien piensa en una banda de tambores y cornetas y Julio Moreno Vico se pone manos a la obra y comienzan los ensayos y hoy afortunadamente con la fusión de nuestra banda y la de nuestro padre Jesús se organizó Monte Calvario que desde sus inicios nos lleva acompañando.

No puedo olvidar tampoco la “Chiquillería” pues es un elemento básico en nuestro desfile que nos sirve de catequesis de formación. Igualmente quiero agradecer a los señores que gentilmente año tras año nos ceden sus domicilios para beber agua y alguno para aliviar la vejiga.

Nuestro desfile no finaliza cuando se cierran las puertas del santuario una vez han regresado nuestras imágenes pues luego nos dirigimos a la casa de hermandad para reponer fuerzas y analizar la salida procesional, no hacen falta muchos comentarios, solo con mirarnos sabemos el resultado.

Pero han sido veinticuatro desfiles procesionando por las calles de Martos sin interrupción si bien uno lo recuerdo con especial tristeza pues al llegar a la C/ Fuente del Baño comenzaron a caer unas gotas que luego en diluvio se fueron transformando, pero mi mayor recuerdo de agradecimiento para las personas que con sus aplausos nos ayudaron sin importarles mojarse a nuestro lado.

No penséis que ese año que falta es un error de cálculo pues lo pasé lejos de Martos, fue un año difícil para toda la cofradía pues dos hermanos estaban ausentes del desfile procesional y no por propia voluntad. Todos se acordaron de nosotros, incluso oraciones nos dedicaron antes del desfile, pero nadie puede imaginarse lo que es llegar las dieciocho horas de un Viernes Santo y no poder acudir a los oficios de Santa Marta y llegar las veinte horas y estar muy lejos del Santuario, hacer el recorrido de nuestra salida procesional reloj en mano y calculando su itinerario hasta que llegadas las dos de la madrugada una niña con doce años, guiada por un adulto conecta telefónicamente con nosotros y nos dice:”Papá, mamá ya estamos comiéndonos el bocadillo en la casa de hermandad y todo ha salido fenomenal”.

Pero no quiero dejar pasar la oportunidad para recordar mi labor continuada en la Cofradía como capataz, pues es un trabajo que tiene muchas recompensas, que necesita mucha tranquilidad a la hora de asistir a los ensayos pues al principio asistía todo el mundo, pero a medida que crecíamos y por temas laborales cada vez era más difícil que asistiéramos todos, pero eso sí a la hora de la procesión todo el mundo uniformado y en su sitio colocado. Recuerdo un ensayo en particular en la plazoleta de la Virgen de la Villa, a una hora no muy usual, muy próximo al desfile procesional y al que tuvimos un asistente a pesar de las horas, que no era costalero de nuestra hermandad. Gracias Rafael por tu comprensión pues todos éramos unos niños y fue sin pensar lo que hacíamos, gracias también a D. Eduardo porque consiguió integrarme plenamente en su santuario y en su parroquia como tiene que ser con hechos, mimo, amor verdadero, mi hija mayor guarda de él un recuerdo especial, el nombre por la que muy a menudo la llamaba: “arrabalilla”, y yo tampoco podré olvidarlos jamás. También decir que no fue fácil mantener nuestros tronos durante el año guardados, incluso un año llegamos a cambiarlos de sitio por tres veces, sitios tan poco usuales como la plaza de toros de Martos, la cooperativa de aceite Virgen de la Villa, la cochera de los autobuses de Nicolás Calvo, la verdad es que era bastante complicado. Pero tampoco era fácil su transporte pues debido al peso excesivo de los tronos necesitábamos mucha gente para trasladarlos y no siempre la encontramos, principalmente para el desmonte el Sábado de Gloria pues como terminamos muy tarde el desfile procesional y tenemos que dejarlo todo recogido para que por la tarde la Cofradía de la Virgen de la Villa celebre su triduo, hemos tenido momentos muy complicados. También quiero recordar la limpieza de la urna del Cristo pues desde muy pequeñas mis hijas y yo tenemos el privilegio de hacerlo y es ahora como un deber que programamos y que parece que necesitamos hacer así como la puesta de las flores a los tronos, pues nos da el privilegio de verlos preparados para el desfile procesional con mucha antelación.

Quiero también agradecer a las personas que nos cantan saetas en nuestro desfile, pues para nosotros es muy emotivo y nos da ánimo para continuar, solo puedo ofreceros unos claveles a cambio y mi agradecimiento y el de los costaleros que esos sí, nos sale del corazón.

Y el veinticinco aniversario requería un esfuerzo especial para el desfile, así que se nos ocurre llamar a todos los que habían portado cualquier imagen anteriormente para hacer una segunda cuadrilla para portar a Cristo Yacente. Desde el principio la idea a todos nos entusiasmó y por fin llega el día, todo preparado, dos cuadrillas de costaleros para el Cristo, guardias Civiles como al principio escoltando el paso (gracias de corazón amigo, tú que ya jubilado vuelves a ponerte el traje para acompañarnos), mujeres de mantilla, más que nunca, pero era todo tan grande que el tiempo quiso que desde la C/ la Villa regresáramos al Santuario, demasiado corto el recorrido, nos faltó una reverencia a San Juan de Santa Marta y muchas gracias de agradecimiento y muchas cosas más.

No me gustaría acabar sin hacer especial mención aunque no da lugar a ello a la convivencia que nuestra cofradía ha organizado con otras cofradías de la provincia pues desde el inicio de la misa (gracias por vuestra asistencia Sr. Vicario y Sr. Arcipreste) hasta la clausura en el Teatro Municipal fueron momentos que no olvidaré jamás.

Para finalizar he de decir que tenemos que seguir profundizando en nuestra fe cristiana, pues como alguien dice todo en la vida cristiana no es solo portar un paso. Sigamos nuestro camino pues el que sigue nuestra cofradía sabe que en ella se encuentran valores, formación, vivencias que solo se viven si estás en ella.

Un fuerte abrazo para todos.
El Capataz de Cristo Yacente

Antonio Arrabal Águila.